Que proyecto representa la candidatura de Cristina Fernandez de Kirchner. Editorial de H. Tumini

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional octubre 30, 2018 16:29

Que proyecto representa la candidatura de Cristina Fernandez de Kirchner. Editorial de H. Tumini

30 de octubre del 2018

Editorial

Que proyecto representa la candidatura de Cristina Fernandez de Kirchner.

CFK gusta de presentarse como la conductora de un genuino proyecto nacional y popular, progresista, que por el accionar de las corporaciones, de Clarín o por otras difusas razones no pudo terminar de gestar plenamente una nueva nación en sus 12 años en el gobierno.

Dicen también en su núcleo duro de seguidores, que ellos no son los responsables de la llegada de la derecha al gobierno. Cero autocrítica. Que la culpa la tenemos los que llamamos a votar en blanco en el 2015. Que con esos pocos votos Scioli hubiera sido presidente y el proyecto hubiera continuado “exitosamente”. Pero no pudo ser.

Ahora vienen con el argumento de que para arreglar el desastre que va a dejar la derecha, Cristina es la salida y la solución. Sostienen que su supuesto regreso a la presidencia significaría terminar la tarea inconclusa de sus anteriores mandatos. Entonces tendríamos, ahora sí, un nuevo, gran y feliz país para todos y todas.

Digamos, para responder a estas interesadas aseveraciones, que el proyecto del que hablan, que se desplegó durante tres períodos de gobierno con muy buenas condiciones económicas internacionales para la Argentina, al menos durante dos terceras partes de esos años, fue, desde lo que dijeron se buscaba -una nación soberana, reindustrializada, con justicia y movilidad social, etc-, un fracaso.

El kirchnerismo mantuvo en lo económico la continuidad de aspectos fundamentales del neoliberalismo previo: la ley de entidades financieras y la de inversiones extranjeras, la política minera, la privatización de YPF hasta el año 2012 en que se perdió el autoabastecimiento, el atraso cambiario de los últimos años al estilo Cavallo, entre otros. Todo ello significó mantener en un grado no menor la concentración de los ingresos previa. Como dijo la propia Cristina: las grandes empresas y bancos -extranjeros y nacionales- se la siguieron “llevando en pala”.

A lo antedicho cabe agregarle que los recursos que se obtuvieron a través de medidas correctas como el canje de la deuda externa con quita, la nacionalización de las AFJP o el mantenimiento de elevadas retenciones al agro, en lugar de canalizarse en parte importante -para tener futuro- hacia la inversión productiva (como por ejemplo han hecho Evo Morales en Bolivia o el Frente Amplio uruguayo) se orientaron en alto grado al consumo para mantener poder político; como sucedió desde el 2009 en adelante.

Las consecuencias luego de ambas políticas -mantener la concentración de ingresos e invertir poco-, cuando se modificaron las condiciones externas por la baja del precio de la soja, fueron el estancamiento productivo y el deterioro social del 2012 al 2015. Como así también la absoluta insustentabilidad de ese modelo económico en un tiempo muy breve. A Scioli le hubiera explotado en las manos si ganaba, qué duda cabe.

De esta manera y mas allá del palabrerío, el final del ciclo kirchnerista en el 2015 encontró a la Argentina con una economía mucho mas concentrada y extranjerizada que al principio, con una industria en retroceso y un PBI que no creció en todo el último mandato de Cristina. Además, con un nivel de inversión anual absolutamente insuficiente y sin creación de nuevas fuentes de trabajo en el sector privado desde el 2008; solo se generó empleo público en los últimos 7 años de aquellos gobiernos, contribuyendo así a la ineficiencia estatal. También terminaron con un 30% de pobreza, 35% de trabajo informal y el 8% de desocupación. Un sector externo deficitario por falta de exportaciones y además por grandes desbalances en los intercambios energéticos, de productos automotrices, electrónicos y en el turismo. Casi sin reservas en el Banco Central producto de todo ello y con crisis en la mayoría de las economías regionales.

Paralelamente establecieron un acuerdo de statu quo con las cúpulas policiales, las de seguridad y sectores de la justicia, para mantenerles sus negocios a cambio de tener “tranquilidad” respecto de su accionar. Las consecuencias fueron un enorme aumento del narcotráfico, de los delitos de todo tipo y de la inseguridad que pasó a ser una enorme preocupación en la ciudadanía.

Unido a todo ello desplegaron en gran escala un sistema de corrupción que dejó muy atrás al del propio menemismo. Participando del mismo desde Néstor y Cristina hasta una gran parte de las primeras y segundas líneas de sus funcionarios. Malversaron también los recursos del Estado para comprar voluntades en los mas diversos ámbitos; como en la política, los DDHH, las organizaciones sociales, el empresariado, la cultura, la intelectualidad y el sindicalismo por supuesto.

En el terreno político e ideológico hicieron uso y abuso del “relato” (dícese de cuando se expresan cosas que poco o nada tienen que ver con la realidad de los hechos). Escondían la pobreza con el argumento de que era “estigmatizante” o decían que era “menor que en Alemania”. Falseaban la inflación y demás datos del Indec para ocultar la realidad. La inseguridad era solo “una sensación”. No les daban acceso a los opositores -fueran de derecha o de izquierda- a los medios de prensa que controlaban; argumentando al mismo tiempo que ellos eran los defensores de la “pluralidad de voces”. Así sucesivamente.

Promovieron la unidad latinoamericana, justa y noble causa, con los gobiernos progresistas de la región. Pero, paralelamente, la desprestigiaron haciendo negocios de plata bajo la mesa con quienes pudieron. Pasaron de aceptarle a los EEUU ir por la pista Iraní en lo de la AMIA, para lo cual pusieron en la causa al espía Stiuso y de fiscal a Nisman, a virar hacia un memorándum lamentable con los propios iraníes para, todo indica, obtener petróleo barato.

Tomaron los reclamos del movimiento de los DDHH de poner fin a la impunidad de los genocidas. Pero luego hicieron aprobar una ley antiterrorista por indicaciones de los yanquis y encumbraron a Milani de jefe del Ejército.

En definitiva, el proyecto nacional, popular, progresista, bien gracias. Ningún cambio de fondo y duradero en la estructura económico social del país hicieron. Por el contrario, desaprovecharon excelentes condiciones económicas y también políticas con una derecha debilitada luego del 2001.

Mientras que al mismo tiempo arrastraron por el barro, desprestigiándolas, a las mas sentidas banderas que un proyecto así denominado debería haber enaltecido: la defensa del Estado, la honestidad de los dirigentes, decirle la verdad al pueblo, los derechos humanos y tantas otras.

Las consecuencias están a la vista: le asfaltaron, sumándole consenso ciudadano, el camino para que ganara por los votos la mas rancia derecha neoliberal del país. A tal punto que esta, hasta se dio el lujo de poner a su frente a uno de sus mas claros representantes: Mauricio Macri. Le facilitaron luego, ya en la oposición, que Cambiemos renovara y ampliara los laureles obtenidos en el 2015, en los comicios legislativos del 2017.

El avance de la derecha en la región, en Argentina, Colombia, Chile, Perú, Paraguay, ahora en Brasil con Bolsonaro -directamente un fascista- se apoya en lo fundamental en la frustración de los proyectos populares del pasado reciente. Mas allá de sus innegables logros, no lograron estos materializar cambios profundos y sustentables en favor de nuestras naciones y de las mayorías; culminando los mismos con significativos retrocesos de todo orden. No casualmente el principal latiguillo de todos partidos y candidatos reaccionarios -con el que ganan las elecciones- es “nos quieren convertir en Venezuela”, como el símbolo mas visible del triste final.

Ese fracaso representa hoy en la Argentina CFK. Constituye lo mas funcional a la continuidad de la derecha en el gobierno. Es por ello que el gran desafío de las fuerzas populares y progresistas es impulsar y ser parte de una opción política y electoral amplia que sea capaz de derrotar tanto a Macri como a Cristina.

Esa es la posibilidad real para empezar a salir del pozo a que nos han llevado.

Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur


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Por Humberto Tumini / Nacional octubre 30, 2018 16:29