[Santa Fe] Sosa: “Desde el feminismo, la respuesta a la violencia es fortalecer lazos solidarios”

Gabriela Sosa / Santa Fe
Por Gabriela Sosa / Santa Fe enero 7, 2019 10:13

[Santa Fe] Sosa: “Desde el feminismo, la respuesta a la violencia es fortalecer lazos solidarios”

“Desde el feminismo, la respuesta a la violencia es fortalecer lazos solidarios”

Nancy Balza

“Todos los días son 8M”, dice el cuadro colgado en la pared de la luminosa oficina de Gabriela Sosa, subsecretaria de Políticas de Género de la provincia. Es la oficina de calle Corrientes al 2800 que atiende cuando no está recorriendo el territorio santafesino, una de las prioridades que se propuso cuando asumió al frente de la flamante repartición creada por el gobernador Miguel Lifschitz en diciembre de 2015.

Fue mucho lo que pasó antes y después de esa fecha, y al 8 de marzo -Día Internacional de la Mujer- se sumaron otras fechas significativas y masivas movilizaciones hasta desembocar en el tratamiento, por primera vez en el Congreso, del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). El concepto de género y los debates que habilitó desde la perspectiva, la ideología y el lenguaje, fue uno de los ejes que atravesó 2018 y por eso este diálogo con quien gestiona el área en la provincia.

—Cuando asumiste ¿te imaginabas que el tema género iba a tener semejante protagonismo algunos años después?

—Nadie se imaginó la dimensión de la agenda en tantos terrenos: en lo estatal, en la calle, en lo doméstico, en los medios, en la política; ni tampoco ese atravesamiento de territorios. Sí me tocó asumir en un momento de crecimiento del movimiento de mujeres porque el primer 3 de junio -primera movilización con la consigna #NiUnaMenos, luego del asesinato de Chiara Páez- fue en 2015, cuando logramos que el planteo de una vida libre de violencias nos trascendiera a las organizaciones y pudiera ser una demanda social. Se hizo con un importante aliado que se mantuvo en el tiempo y fueron los medios de comunicación; y lo digo no sólo en términos de cuánto se capacitan comunicadores y periodistas para escribir sus artículos, sino de una militancia concreta que le da mayor potencia a la agenda.

Cuando se anunció el debate por aborto legal, se generó una expectativa tremenda y también hubo situaciones muy dolorosas y demandas sociales que se expresaron por fallos injustos (en alusión a la absolución de todos los imputados por la muerte de la joven Lucía Pérez). Un elemento importantísimo fue que hubo en 2018 una participación fuertemente juvenil y adolescente. Y así como en 2015 la alianza con medios de comunicación fue importante, este año lo fue la posibilidad de compartir generosamente esas luchas y potenciarlas.

—Venís militando en temas de género desde hace mucho. ¿Hace cuánto?

—Soy una de las emergentes del feminismo popular. Mi activismo previo estuvo relacionado con la militancia barrial. En Córdoba activé en el espacio universitario de Comunicación y cuando me vengo (a Santa Fe) lo hago en una etapa de empobrecimiento tremendo en la Argentina. Empezaba la crisis más fuerte del modelo neoliberal, en los años 97, 98, y militaba en barrios de la zona sur de Rosario que tenían como característica haber estado vinculados con la producción y el trabajo en grandes fábricas. Por lo tanto, 2001 me encuentra participando en algunas instancias barriales -“se me pone la piel de gallina”, dice- y viví esta ruptura de las mujeres del espacio doméstico hacia la ruta y hacia el espacio comunitario del comedor o del trueque. Entre el 98 y el 2001 mi militancia fue territorial y, particularmente, con mujeres. A partir de ese momento fue para muchas la aparición de algo a lo que después le pusimos nombre.

—El actual protagonismo de las mujeres no te toma por sorpresa.

—No me toma por sorpresa y los debates que teníamos en ese momento en la organización estaban relacionados con las violencias que se sucedían cuando la mujer tomó la decisión de salir de su casa. En la organización tuvimos que pensar en mecanismos de acompañamiento porque tenían que negociar su salida del hogar al ámbito comunitario; algunas intentaron sumar a sus maridos para que comprendieran qué estaban haciendo. Me tocó coordinar a las mujeres del movimiento Barrios de Pie y luego la posibilidad de pensar una política pública en el orden nacional que se llamó Juana Azurduy en los primeros dos años del kirchnerismo. Después, cuando la gestión se orientó a una mirada más tradicional del Partido Justicialista, nuestro espacio se fue. Desde esta experiencia asumimos el feminismo después de caminar un tiempo en esta militancia barrial.

—Pasaron más de 15 años desde entonces. ¿Qué cambió en los movimientos de mujeres en este tiempo?

—Lo que veo como particular es que estamos aprendiendo todes, incluso en las organizaciones y entre las feministas. Hay una madurez del movimiento en cuanto a precisar ejes concretos y es un dato distintivo del año que terminó haber instalado uno o dos temas consensuados y que tengan mucha potencia.

Otra cuestión es darle valor a los espacios de las mujeres de los sectores populares. Cuando empecé a militar desde el barrio no fueron pocas las tensiones con el feminismo académico sobre cómo es que aparecían estas mujeres desde el piquete, desde la ruta, a interpelar formas del feminismo más tradicional. También para nosotras era un aprendizaje de todo lo que había logrado el feminismo instalado en la academia. Fue desandar prejuicios desde todos los lugares y me parece que ha sido un aprendizaje mutuo. Pero todavía hay muchas que le restan importancia al poder del feminismo popular de fines de la década del 90. Me parece que todavía falta una síntesis que tendría que incorporar al menos qué pasó con las mujeres en la década del 90 donde estaban las piqueteras pero también las mujeres de clase media que, por primera vez, iban con mucha vergüenza a participar de un trueque. Una síntesis que tiene puntos de contacto con el contexto económico y social que tenemos hoy en la Argentina.

—¿Pudiste replicar aquella experiencia en el territorio provincial?

—Primero fue un desafío a nivel personal. Cuando asumí la gestión, mi principal preocupación fue si era coherente con el movimiento de mujeres. Rescato -y en este punto se emociona- el acompañamiento del gobernador.

—¿Por qué te emociona?

—Creo que para nosotras la lucha ha sido muy fuerte y es conmovedor sentir ese acompañamiento. Han sido años con muchísimas dificultades en el país: si se mira el número de femicidios, los casos de violencia, en un espacio de gestión la responsabilidad es mayor. Cuando el gobernador Miguel Lifschitz me convoca, lo primero que se puso sobre la mesa fue ser libre en el diseño de políticas. Y así lo sentí también de parte del Ministerio de Desarrollo Social. Ése es un lugar; el otro es de donde yo venía, de organizaciones territoriales. Tengo que hacer un reconocimiento al trabajo de las compañeras y de cómo han recibido la gestión con todas las críticas que nos merecemos.

A nivel nacional, provincial y local, las mujeres estamos muy lejos de ocupar el lugar institucional que nos corresponde. Salvo Bolivia y algunas experiencias de Ecuador en el gobierno de Correa, en Latinoamérica no hay una representación institucional que dé cabal espacio a las mujeres. Y lo digo a nivel presupuestario y general.

Por eso me emociona haber transitado estos tres años desde los movimientos populares a la gestión, y notar cuánto respeto hay en cuanto al trabajo que venimos haciendo.

Para mí fueron centrales dos o tres puntos: uno tenía que ver con construir políticas bien ancladas en el territorio y caminar la provincia a través de distintas instancias. No llegamos a las 363 pero si al 70 % de las localidades con alguna política de esta subsecretaría.

Por otro lado, nos propusimos pensar alternativas con las organizaciones de mujeres y tuvimos dos programas fundamentales, uno orientado al otorgamiento de recursos económicos y el otro para fortalecerlas políticamente: el programa “Por mi, por todas” busca, precisamente, potenciar las organizaciones de mujeres.

También nos interesaba dejar institucionalizados espacios que a nivel local pudieran trabajar la igualdad entre varones, mujeres y disidencias, e inmediatamente las violencias que se sucedían en esa comuna o ciudad. Un tema que atraviesa esas tres cuestiones es dejar algunos indicadores. El Ruvim (Registro único de Situaciones de Violencias hacia las Mujeres) es una herramienta.

—Ahora cuentan con datos concretos sobre estas situaciones.

—Tenemos, por un lado, el Ruvim, que es el registro de situaciones que llegan al Estado y muestra una parte de lo que sucede. Por lo tanto hay que seguir trabajando para que las mujeres recurran al Estado y se pueda tener un número cada vez más fino. También hay que capacitar a quienes cargan los datos porque no todo el mundo ve todas las violencias. Es una de las políticas más importantes y evidencian preocupación de algunos espacios institucionales como el Ipec, donde tenemos feministas que construyen la estadística desde ese lugar. Eso, que parece un número cada cuatro meses, es una construcción potente.

Además, tenemos un registro de femicidios de nuestro Observatorio; nos gustaría que lo diera el Poder Judicial. Hay una tensión entre lo que dice el Código Penal y lo que dicen las convenciones internacionales en torno a la muerte de mujeres. y esa tensión problematiza los registros. Bienvenidas esas tensiones pero el registro tiene que estar, aún discutiendo si este caso es o no parte de violencia de género.

—¿El objetivo es que ese registro que ahora elabora la provincia, lo maneje el Poder Judicial?

—Es una visión más bien ideológica. Quien carátula las causas es el Poder Judicial, por lo que debería dar finalmente el número de femicidios. Pero también es necesario, como existe en organismos internacionales, tener un informe que pueda gestarse desde otros lugares y pueda enriquecer esa mirada. En cuanto al registro, creo que debemos tenerlo y seguir bregando por una capacitación en el interior del Poder Judicial que pueda, en lo formal que es una carátula o una investigación, dar esa categoría.

—¿La ley Micaela aporta en este sentido?

—Teníamos ya un montón de instrumentos en el mismo sentido: la Ley 26.485 (de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres), su par provincial 13.348, la convención de Belem Do Pará, Cedaw: todas esas legislaciones ya plantean lo imperioso de la formación en el Estado, y lo que potencie esa posibilidad suma. Si fue necesario ponerle a una ley el nombre de una víctima, como fue Micaela, y eso aporta a completar aspectos de la formación previa que todavía no han sido saldados, bienvenido sea. Visibiliza concretamente todo lo que falta.

—Hace falta presupuesto también.

—Sí, totalmente. Creo que es parte de lo que tenemos que seguir instalando desde todos los lugares posibles. Si lo pensamos estadísticamente, las mujeres somos más de la mitad y nos ocurren situaciones diferenciadas por serlo. Esto, que es tan simple, nos lleva a preguntarnos por qué estamos sub representadas a nivel presupuestario, político, en órganos de la sociedad civil.

—Precisamente, por estos días se informó que las mujeres ocupan sólo un tercio de los cargos judiciales en el país.

—En la provincia tenemos una sola senadora sobre 19 y, en la Corte Suprema, una mujer sobre seis. Las organizaciones de mujeres tienen su agenda y allí plantean este tema. A la par de que hay otros que se deben incorporar, como el espacio público que es un eje imprescindible, puede ser para sentirnos incluidas en una ciudad pero también porque muchos femicidios se dan allí, en la parada del colectivo, en una plaza. Cuando fue la lucha por el aborto legal, en Santa Fe mujeres activistas fueron violentadas por grupos de derecha en una plaza.

—¿Cuál es la deuda de 2018 en el tema género?

— Estamos en un contexto nacional complejo. Creo que una deuda es que no nos permitieron acceder a un derecho como el de decidir sobre nuestro cuerpo, pero el proyecto para la legalización del aborto se va a volver a presentar.

En lo nacional lo que falta es un modelo económico, político y social que incluya a las mayorías, fundamentalmente aquellas que están en mayores condiciones de vulnerabilidad en términos económicos y simbólicos, y las mujeres somos parte de eso.

En el orden provincial, tenemos una deuda importantísima que es la posibilidad de renovar el Senado, primero, porque tiene una composición casi absolutamente masculina, salvo una mujer; y además porque allí se han frenado una cantidad de leyes: paridad, cupo laboral trans, avanzar con la ley de educación y de ESI.

Por otro lado, las mujeres tenemos que pensar políticamente desde nuestra agenda a la hora de reflexionar cuáles son los espacios políticos y los dirigentes y dirigentas que apoyaron nuestras luchas, y apoyarlos. Y lo pendiente que tenemos en la provincia tiene que ver con seguir fortaleciendo las políticas de género. Me toca recorrer el país, y Santa Fe está a una distancia muy grande y con un modelo de gestión de avanzada. Es necesario seguir fortaleciendo institucionalmente las áreas mujer a nivel provincial, sería muy importante que los municipios y comunas que cuentan con mayor presupuesto puedan destinar a estas áreas mayores recursos. Necesitamos un mayor fortalecimiento en estos caminos comunitarios territoriales en la provincia y que no sólo incluye lo económico: hay una respuesta a la violencia que es el fortalecimiento de los lazos solidarios y comunitarios. Un mensaje de una sociedad más armada, como se plantea a nivel nacional, no nos orienta en ese sentido. Hay un aporte del feminismo en la construcción de lazos comunitarios entre mujeres, pero trasciende eso para construir otra sociedad. La feministas queremos una sociedad libre de violencias.

Definiciones

“Cuando asumimos, los primeros meses nos dedicamos a recorrer la provincia. Hicimos cinco encuentros regionales y hubo dos temas que se plantearon entonces y siguen vigentes: el acceso a la Justicia y lo naturalizadas que estaban las relaciones desiguales entre varones y mujeres, con distintas expresiones según la región”.

“Hay cuestiones que las voy a sostener porque tienen que ver con las convicciones: denunciar o que se denuncie que un presidente comunal ejerce violencia, que ningún violento ocupe un espacio público así sea en nuestra gestión, se tiene que hacer. Después, es el movimiento que acompaña y empuja”.

Publicado en: ellitoral.com
Foto: Flavio Raina


Gabriela Sosa / Santa Fe
Por Gabriela Sosa / Santa Fe enero 7, 2019 10:13