Con Macri, la tercera ola neoliberal en los últimos 40 años. Editorial

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional julio 9, 2016 16:25

El kirchnerismo, como hemos dicho en anteriores oportunidades, terminó de allanarle a la derecha el camino de regreso a la Rosada. La continuidad de políticas menemistas en muchas áreas (en particular en la energética hasta la apurada y muy tardía renacionalización de YPF), que mantuvieron e incrementaron la concentración y extranjerización de la economía e impidieron reducir el núcleo duro y extendido de la pobreza. Como así también el permanente doble discurso, la manipulación institucional (con el Indec como símbolo de ello), de la justicia en la búsqueda de impunidad para sus fechorías, el uso abierto y descarado del Estado para beneficiar a los capitalistas amigos, el comprar con dineros públicos voluntades y adhesiones en el terreno de las organizaciones sociales, de la cultura y los derechos humanos. Sumado todo ello a lo que en estos días se está ventilando: la corrupción generalizada en la cabeza de quienes conducían un proyecto supuestamente nacional y popular, progresista, terminaron poniendo a Macri de presidente.

Qué duda cabe de que así ha sido, mas allá de los argumentos truchos que usan hoy los responsables. Desde justificativos cínicos que buscan negar sus propias acciones, hasta atacar agresivamente a quienes fuimos críticos de la gestión K desde la izquierda; con los mismos sanbenitos que hoy usan para con quienes los abandonan: “traidores”, “funcionales a Clarín”, “agentes del imperialismo”, etc. Difícil tapar el sol con una mano. Como se dijo alguna vez: la única verdad es la realidad, y esta indica que fueron en definitiva los gobernantes K los que abonaron el regreso de la derecha al gobierno.

Para desgracia de nuestro país y su gente, es la tercera vez que esto -que vuelva la derecha- sucede en los últimos cuarenta años. Primero vinieron los militares con el golpe del 24 de marzo de 1976, luego Menem en 1989, ahora Mauricio Macri. Así como desde Roca en adelante, la oligarquía terrateniente junto a Gran Bretaña modelaron durante décadas nuestra nación en función de sus intereses, en estas tres oleadas de nuestra historia reciente los sectores locales mas poderosos (diversificados económicamente entre el campo, la industria, los servicios y las finanzas) aliados a grandes bancos extranjeros, multinacionales diversas y en particular a los EEUU, han buscado y buscan diseñarlo en función de los suyos. Las consecuencias de ello están a la vista.

El rasgo principal que une a estos tres gobiernos de la derecha (Dictadura, Menem y ahora Macri), no es solo que se asientan en lo fundamental en los mismos sectores de poder mencionados, sino que además adhieren ideológicamente al credo neoliberal. Este, que surgió a nivel mundial allá por principios de los años ochenta con Ronald Reagan y Margaret Thatcher y fue entusiastamente incorporado por los grupos dominantes en nuestras naciones, tiene diversas características que lo identifican.

Es en esencia un modelo de agresivo traslado de ingresos de las mayorías menos pudientes (pobres, trabajadores, clases medias) a los que mas tienen; incluyendo entre estos a las empresas y bancos extranjeros que se llevan gran parte de esos recursos al exterior. Es la famosa teoría de que primero hay que llenar la copa de los ricos, para que luego rebalse y llegue así al resto de la sociedad. Cuestión que luego, por cierto, nunca se verifica.

La explicaciones teóricas que guían luego las acciones que -en concreto- llevan a ese traslado de dinero de los que menos a los que mas tienen, son diversas: a) que el mercado (o sea, los grandes monopolios en la actualidad) es el que debe manejar la economía y asignar los recursos; b) que por tanto hay que achicar el Estado, privatizar sus empresas, algunas de sus funciones y limitar su capacidad de intervención; c) que hay que liberar el sector externo para hacer competitiva nuestra producción y, junto con ello, permitir el libre ingreso de capitales del exterior; d) que se debe aumentar las ganancias de los empresarios porque son los que van a invertir, y para ello hay que reducirles impuestos y bajarles el costo de la mano de obra; e) que la salud y la educación pública son ineficientes y un gasto excesivo para el Estado, que por ende hay que promoverlas en el ámbito privado; d) que el sistema previsional de reparto es insustentable en el tiempo y que se debe ir a uno de capitalización individual, si es posible privado, que libere recursos para la inversión. Y así sucesivamente.

Por supuesto que parte inherente e inseparable de dichas políticas, es el concepto de que la población afectada por las mismas debe aceptarlas calladamente. En caso de no ser así, habrá represión y mano dura para el que proteste.

Las consecuencias del neoliberalismo las conocemos, las vivimos en carne propia los argentinos en el pasado reciente con Videla y Martínez de Hoz primero, también con Menem-De la Rúa y Cavallo. Destrucción de la industria nacional, saqueo de los recursos naturales, desempleo por la destrucción de puestos de trabajo, expansión de la pobreza a niveles no conocidos por estas tierras, crecimiento exponencial de la inseguridad producto de todo aquello, ampliación enorme de las disparidades sociales con grave afectación de las clases medias, retrocesos visibles en la salud y la educación pública, tremendo endeudamiento externo que pesó como una losa sobre el crecimiento de nuestra economía. A lo que podemos sumar la pérdida de soberanía nacional, la corrupción generalizada, manipulación de la justicia, palos y gases (en el mejor de los casos) para los que luchen.

Los defensores del actual gobierno dicen que este no es ni será igual que aquellos dos cuya experiencia describimos mas arriba. No es cierto por supuesto, lo que no tiene Macri hoy por hoy es la fuerza política con que contaron aquellos en un principio. La dictadura militar se instaló a sangre y fuego, su plan económico fue impuesto al precio de miles de desaparecidos, presos y exilados; es decir, por la vía del terror. Menem llegó cabalgando sobre la hiperinflación de Alfonsín y ganó en la primera vuelta. El actual presidente en cambio llega con una profunda crisis económica que heredó del kirchnerismo, pero que la mayoría de la sociedad no percibió en concreto en su vida cotidiana reciente; sacó solo el 34% de los votos en la primera ronda presidencial llegando en segundo lugar y ganó apenas por el 1,7% de los votos en el balotaje. A lo que hay que sumarle la debilidad de su representación parlamentaria.

Por tanto, lo que sucede, es que no tiene todavía la fuerza política necesaria para avanzar con su proyecto decidida y abiertamente; aunque es mas que visible cual es su rumbo. Si la consigue, seguramente las consecuencias para la nación no serán muy distintas a las que hemos conocido en el pasado reciente con administraciones del mismo signo.

Tenemos entonces -nuevamente- un gobierno ideológicamente de derecha, que busca avanzar e imponernos otra vez un proyecto neoliberal, de concentración y extranjerización de la riqueza, de alineamiento con los EEUU. ¿Qué tenemos que hacer nosotros para impedirlo?

Acorde a larga experiencia acumulada debemos, en primer lugar, desnudar y denunciar a la ciudadanía cuales son los verdaderos planes en curso por debajo de la almibarada retórica macrista. Tarea nada sencilla por el predominio que tienen en los medios masivos de comunicación, pero imprescindible para generar conciencia.

Al mismo tiempo que damos la batalla en el terreno de la ideas, debemos oponernos y resistir con firmeza, aun en minoría, las medidas a favor de ricos y poderosos que avanzan sobre los derechos y conquistas de la sociedad.

Pero no debemos quedarnos solo en eso; aunque no aceptar calladamente los engaños y los avances sobre lo que es nuestro y de la nación, debe constituir la base de nuestro accionar en esta etapa. Paralelamente hay que reagruparse para darle pelea al gobierno y a la derecha que lo sustenta. No hay que subestimarlo, tiene la iniciativa, el poder real por detrás y sólidos apoyos externos.

Por ello es que, para hacernos fuertes, debemos vertebrar amplias alianzas tanto en el terreno social como en el político. Sin perder de vista en ningún momento cuál es la contradicción principal en este difícil momento histórico que nos toca recorrer.

Finalmente hay que emprender desde ahora mismo la enorme y fundamental tarea de reconstruir las fuerzas populares. Para darle así mayor consistencia y contenido a la oposición al macrismo. También para que el rumbo futuro vaya en dirección a reemplazar este reaccionario proyecto que buscan imponernos, no por uno parecido, gatopardista, sino por un modelo progresista de país. Uno con justicia, equidad y progreso social, soberano, democrático, respetuoso de todos los derechos de las personas.  Nuestro movimiento tiene mucho que aportar a esta estrategia.

Sábado 9 de julio del 2016

Humberto Tumini
Movimiento Libres del Sur

 

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional julio 9, 2016 16:25