Un Nuevo Proyecto Nacional. Hay que sumar la juventud a esta patriada. Por H. Tumini.

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional junio 4, 2020 18:00

Un Nuevo Proyecto Nacional. Hay que sumar la juventud a esta patriada. Por H. Tumini.

Junio del 2020

EDITORIAL

Un Nuevo Proyecto Nacional

HAY QUE SUMAR LA JUVENTUD A ESTA PATRIADA

Siempre, en los tiempos modernos, en los momentos difíciles, nuestra juventud dijo presente. Allá por finales de los años ’60, principios de los ’70, teníamos la dictadura de la “Revolución Argentina” poniendo sus borceguíes encima de nuestras cabezas. Habían venido los militares a tratar de imponer el proyecto de país para minorías, de ricos y poderosos, a los garrotazos. Tarea nada fácil por estas tierras de 1810 en adelante.

Creían aquellos señores que tenían controlada la cosa, aplastando primero la rebelión estudiantil y asesinando a Santiago Pampillón. Haciendo luego lo mismo con las luchas azucareras en Tucumán, donde se llevaron la vida de Hilda Guerrero de Molina. Grave error, el 29 de mayo de 1969 se levantaron los trabajadores y los estudiantes en el Cordobazo, y así comenzó el principio del fin de aquella dictadura.

Pero había que tumbarla del todo. Miles y miles de jóvenes se sumaron entonces a la lucha, los que luego serían llamados “setentistas”. Una generación que no solo se puso como objetivo echar a los militares, sino también conquistar otro país, socialista.

Fueron derrotados con otra feroz dictadura, la de 1976. Fue tan intensa y extendida la represión esta vez, con miles y miles de muertos, desaparecidos, presos y exilados, que lograron los militares -con la paz de los cementerios- un poco mas tiempo para aplicar, como antes, su modelo para gente pudiente.

Sin embargo, el pomposamente llamado Proceso de Reorganización Nacional ya tuvo el 27 de abril de 1979 su primer paro general. Mas tarde, el 7 de noviembre de 1981, la CGT convocó a la primera movilización callejera por “Paz, Pan y Trabajo”. Cobró fuerza allí el “se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”.

El 30 de marzo del año siguiente se vino una nueva movilización, que sería muy masiva. En Mendoza, es asesinado por la represión el trabajador de la fábrica Minetti, José Benedicto Ortiz.

Allí fue donde la dictadura, con el objetivo de ver si podía controlar la situación y perpetuarse, puso en marcha el operativo Malvinas. Que terminó en derrota el 10 de junio de 1982. A partir de ese momento, nuevamente miles y miles de jóvenes salieron a las calles, acompañando a los trabajadores en la exigencia de volver a la democracia. Una nueva generación irrumpía en la vida política del país.

Se abrió el tiempo de las masivas juventudes de todos los partidos políticos. Las que, de una u otra manera, confiaron en el “con la democracia se come, se educa y se cura” que había pronunciado Raúl Alfonsín en campaña. Los años ochenta vieron a esos jóvenes organizarse, debatir, participar y movilizarse de múltiples maneras. Defendiéndola en algunos momentos, como cuando los golpes carapintadas. Para alcanzar el sueño de un país mejor, en otros.

No pudo ser, el sueño quedó trunco. Todo terminó en el regreso, con Menem, de los mismos sectores de poder de siempre. Agravado todo por el derrumbe del socialismo en el mundo que, probablemente, sepultaba sueños progresistas por años. Eran los tiempos del “fin de la historia”, que pregonaban las usinas ideológicas del imperio.

Pasaron varios años de escepticismo, de chatura social, mientras avanzaban por estos pagos -de la mano del patilludo presidente- las políticas del “Consenso de Washington”. Apertura económica y destrucción de la industria nacional, privatizaciones, endeudamiento.

Pero esto es Argentina, nunca duran mucho las políticas reaccionarias sin respuesta popular. El 16 de diciembre de 1993 se levantaron los santiagueños y quemaron su casa de gobierno. Empezó la resistencia. A los pocos días, el 1º de enero de 1994, aparecieron los zapatistas en Chiapas, Méjico. La lucha contra el neoliberalismo comenzaba a extenderse. La historia seguía su curso.

Poco a poco irrumpía en el país una nueva generación de jóvenes que, tomando distancia del “aggiornamiento” y la falta de confianza de la dirigencia política opositora, creía posible derrotar al menemismo.

La lucha en las calles fue creciendo al calor de la situación posterior a la crisis de la deuda conocida como el “Efecto Tequila”, y se hizo intensa en la segunda mitad de la década. Los jóvenes, junto a los trabajadores y a los nuevos pobres que habían gestado las políticas del gobierno, dieron batalla tras batalla; ante la represión creciente, las piedras fueron sus armas. Había nacido una nueva y combativa generación a la vida social y política: la de los noventa.

Su lucha continuó sin descanso con De la Rúa, treinta muertos en las jornadas el 19 y 20 de diciembre fueron su ofrenda. No bajaron las banderas con Duhalde, Kosteki y Santillán dieron prueba de ello.

Llegó entonces Néstor Kirchner al gobierno, la juventud nacida en los ’90 se suma mayoritariamente al mismo. Pero la nueva, la de este siglo, aunque simpatizó con él, no fue llamada a formar parte del proyecto nacional que se proclamó. Tal vez porque dicho proyecto, mas allá de las palabras, como también de medidas y políticas altamente reivindicables, siempre fue difuso.

Recién luego del fallecimiento del ex presidente hay una convocatoria concreta a los jóvenes a participar y organizarse. Pero se hace en lo esencial desde el aparato del Estado y en defensa de un gobierno que, por limitaciones objetivas y muy graves errores y conductas propias, ha iniciado ya el proceso de retroceso; que culminará en el 2015 con la derrota electoral frente a Macri.

No hubo entonces, como gustan decir algunos dirigentes interesadamente, una generación hija del 2001. La que se desarrolló con el kirchnerismo y en su apoyo, sin restarle sus méritos, que los tuvo, fue distinta a las anteriores. El pragmatismo predominaba sobre los ideales.

Así llegamos a nuestros días. Ocho años de estancamiento productivo -2012/2019-, el 50% de los y las jóvenes son pobres. Esto incluye a los mas humildes, a los que laburan y a parte no menor de los de clase media, entre estos no pocos estudiantes universitarios. Al final de la pandemia esta situación se habrá agravado.

La Argentina, nuestro país, requiere de un nuevo proyecto nacional para salir del pozo desde los derechos de las mayorías populares. Esto, ya lo sabemos, significa tocar los intereses de los sectores mas concentrados económicamente, de los ricos. Nunca lo aceptaron amable y generosamente. Por tanto, habrá pelea con ellos.

La juventud actual, tan afectada en su presente y con su futuro altamente comprometido, debe ser parte fundamental de esta batalla. Hay que convocarla, entusiasmarla. Como otras generaciones que le precedieron, mirándose en ellas, debe construir sus sueños y sumarse decidida a luchar por su patria.

Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur


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Por Humberto Tumini / Nacional junio 4, 2020 18:00