"Para el post-kirchnerismo, un nuevo Roca"

Para el post-kirchnerismo

ESTÁN A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO ROCA

A mediados del siglo diecinueve se le abrió a la Argentina un panorama económico sumamente auspicioso, la revolución industrial en Gran Bretaña, extendida a otros países europeos, requería de más y más granos y carnes para mejorar la alimentación de los obreros. Nuestro país reunía -potencialmente- excepcionales condiciones para ser proveedor de los mismos: enormes praderas fértiles y poca población. Había que ordenarlo políticamente para aprovechar la ocasión, algo que no se había logrado desde 1816 hasta esos momentos.

Los sectores dominantes de Buenos Aires: la burguesía comercial y la naciente clase terrateniente, luego de muchos enfrentamientos entre ellos, acercaron posiciones y se dispusieron a imponer dicho orden. Primero dividieron al interior, cooptándolo a Urquiza; luego de Pavón aplastaron militarmente al resto. En la batalla de Ñaembé -1871-, derrotando al último insurrecto, López Jordán, culminaron la tarea.

Para 1874 la ya poderosa oligarquía bonaerense puso a un aliado suyo en el gobierno: el tucumano Nicolás Avellaneda. Le dio la tarea de preparar las condiciones para el despegue del plan agroexportador. Particularmente, la de avanzar en el control de las tierras al sur del río Salado, en manos mayoritariamente de tribus originales que resistían el saqueo de las mismas. Julio Argentino Roca fue el encargado de hacerlo a través de lo que denominaron “La campaña del desierto”.

Así se completaron las condiciones para hacer viable el nuevo proyecto nacional después del de la Independencia. Roca fue ungido presidente para desplegarlo bajo la hegemonía de la oligarquía argentina.

Dicho proyecto, que duró hasta 1943, fue ampliamente beneficioso para una minoría pudiente local y para el imperio británico, pero extremadamente perjudicial para nuestra nación, que perdió la mejor oportunidad histórica de lograr desarrollarse con sustentabilidad y equidad social. La renta agraria fue apropiada muy mayoritariamente por una clase social que no la reinvirtió en industrias ni en integrar el mercado interno. Cuando terminó la bonanza, con la crisis mundial de 1930, nuestro país era sólo un productor de materias primas agropecuarias. En definitiva, perdimos el primer tren de la historia que, como se vio luego, no pasa seguido por nuestra puerta.

El mejor ejemplo de ello son dos países que gusta mencionar la Presidenta: Canadá y Australia. Hace ciento cincuenta años eran como nosotros: extensos, ricos en recursos naturales y escasos de población. Siguieron allí otros caminos, sobre la base de impedir que minorías se apropiaran en su exclusivo beneficio de las rentas nacionales. Hoy tienen ingresos per cápita cuatro veces superiores a la Argentina, economías industriales, integradas y sustentables y también sociedades prácticamente sin pobreza e infinitamente más equitativas que la nuestra.

Pasó ya un siglo y medio de aquellas circunstancias. De ese entonces hasta principios de este siglo, salvo el corto período favorable de 1945 a 1951 (muy bien aprovechado por el gobierno de Perón), no volvimos a tener condiciones beneficiosas para nuestro país en el orden mundial. Todo lo contrario: los términos de intercambio para un país productor esencialmente primario como el nuestro, fueron de mal en peor. Recién con la llegada del siglo 21 las cosas empezaron a cambiar con la irrupción de China, abriéndose así un nuevo ciclo promisorio para nosotros.

Les tocó a los Kirchner conducir el gobierno esta primera década. Lejos de aprovecharla, la tiraron por la borda. Prácticamente no se modificó la estructura productiva que nos dejó el neoliberalismo; no crecieron en términos relativos la inversión ni la industrialización; se mantuvieron notables niveles de pobreza; perdimos el autoabastecimiento energético y volvió la restricción externa que tanto afectó al país desde 1930 en adelante. El crecimiento de la producción, las exportaciones y la renta agropecuaria fue desperdiciado, sin avanzar en construir un nuevo país, aprovechando para ello las nuevas condiciones de la economía mundial. Esa es la pura verdad de la famosa “década ganada”.

No obstante, dichas condiciones favorables en el orden internacional se mantienen, más allá de las subas y bajas propias del capitalismo. La demanda de alimentos seguirá estando presente y creciendo los próximos 20 ó 30 años. Por tanto, grande continuará siendo la renta agropecuaria en estos pagos. A ella, se le deben sumar los recursos petroleros y gasíferos que tenemos en la formación de Vaca Muerta y en otros lugares. También habrá cuantiosa renta proveniente de allí.

Argentina, en unos pocos años, será un país con mucha plata. De lo que se trata entonces -eso está en discusión en estas elecciones presidenciales- es de si marchamos nuevamente a que se beneficien las minorías con ello, sacrificando el futuro nacional como sucedió en el siglo diecinueve, o si de una vez por todas aprovechamos la coyuntura y hacemos una nación mucho mejor para todos.

Que se viene un país con muchos recursos lo saben perfectamente los sectores económicos poderosos de aquí y de afuera. De allí que están buscando de todas las maneras posibles hacerse del próximo gobierno. No pueden hoy disciplinar militarmente a los díscolos como hicieron sus antepasados, pero están apostando fuerte a que nadie, desde los intereses de las mayorías, les dispute la hegemonía del proceso que se avecina.

En otras palabras, la casi totalidad de los sectores de poder andan buscando un nuevo Roca de presidente en el 2015. Tienen tres en la grilla de candidatos: Massa, Macri y Scioli, todos formados en la matriz del neoliberalismo menemista, como bien apuntó días atrás Zulemita.

Apuestan fuerte a que uno de ellos llegue a la Rosada. Los apuntalan con recursos económicos enormes, asesores de primer nivel, información reservada importante, les garantizan permanente presencia mediática y, así, sucesivamente.

Pero no se quedan allí los dueños del poder. También trabajan sostenidamente para deteriorar la única opción política de peso que se les va de las manos, que tiene otro proyecto de país, que no trabaja para garantizarles sus intereses: UNEN. No sólo operan sobre esta alianza desde afuera, restringiéndole presencia en los medios, magnificando sus conflictos internos, mostrando encuestas distorsionadas, entre otras cosas, sino que, también, lo hacen desde el interior del frente progresista.

No son estas maniobras nuevas, claro está. Recordemos, por ejemplo y para mencionar sólo un caso, cuando a la naciente Unión Cívica de Alem e Yrigoyen le metieron a Mitre de Caballo de Troya para que los anulara y dividiera. Por suerte, aquellos lo echaron rápido a don Bartolomé del acuerdo, y siguieron adelante.

La sostenida acción de Elisa Carrió, acompañada de algunos dirigentes radicales, para que UNEN marche a un acuerdo con el PRO, es parte del socavamiento del acuerdo progresista que buscan los que pretenden que éste no prospere. ¿Qué mejor desgaste en su electorado que presentar como viable un acuerdo con la derecha macrista, que desdibuja las propuestas y el proyecto de país de UNEN? Como dijo recientemente Pino Solanas: “Lo de Carrió nos ha hecho un enorme daño”. Dirigente que en la actualidad ya parece “la jefa de campaña de Mauricio Macri”, como bien graficara el periodista Luis Majul.

En concreto, lo que está sucediendo en la política argentina actual, tiene que ver, decididamente, con el país que vamos a construir luego del ciclo kirchnerista. Muy mayoritariamente los factores de poder pretenden entronar un presidente que les garantice sus intereses por sobre todo, en los tiempos de bonanza por venir. Como hemos dicho, sueñan con un nuevo Roca. Para ello entonces, repetimos, no sólo promueven a los Massa, Macri y Scioli, sino que apuntan a deteriorar y sacar de la cancha electoral a UNEN. Carrió y algunos dirigentes radicales trabajan para esto, al servicio de aquellos.

No hay mucho tiempo para revertir el daño que nos han causado; hay que poner manos a la obra. Las fuerzas genuinamente progresistas tenemos que instalar nuevamente nuestro proyecto en la sociedad dejando, para ello, de lado a quienes, como Carrió, tienen otros objetivos y conspiran contra los nuestros. Eso, sacarlo de la Unión Cívica, hicieron con Mitre, allá por fines del mil ochocientos, quienes construyeron luego un radicalismo vigoroso en la disputa del poder político.

Si queremos que los recursos naturales con los que hoy contamos sirvan al desarrollo nacional y no para engrosar los bolsillo de las minorías, si anhelamos una democracia de participación ciudadana y plenos derechos y no que crezca nuevamente el autoritarismo, si buscamos fortalecer los lazos con los países de la región -reforzando la independencia nacional y no volver a las “relaciones carnales”-, si, finalmente, creemos que hay que construir una economía sustentable y equitativa, para terminar con la pobreza y la exclusión en lugar de tener más concentración de la riqueza y fractura social que promueven el delito y la inseguridad, nada tenemos que hacer las fuerzas progresistas con la derecha, en cualquiera de sus expresiones.

Nuestro gran desafío es darles batalla, desde nuestras ideas, propuestas y proyecto, a los que nos quieren llevar al pasado, proponiendo un futuro claramente distinto al que pretenden estos, aunque lo escondan. Un país para todas y todos. No sólo para algunos ricos.

 

Humberto Tumini
Movimiento Libres del Sur - Unen 

Escribir un comentario

Sin Comentarios

Aún sin comentarios!

Sé el primero en comentar este artículo

Escribir un comentario

Sólo <a href="http://libresdelsur.org.ar/wp-login.php?redirect_to=http%3A%2F%2Flibresdelsur.org.ar%2Fnoticias%2Fpara-el-post-kirchnerismo-un-nuevo-roca%2F"> usuarios registrados </a> pueden comentar