Roberto Gargarella sobre el discurso presidencial
Comentarios de Roberto Gargarella sobre el discurso de la Presidenta
Comentario 1: Once
El discurso inaugural de las sesiones legislativas, por parte de la Presidenta, fue tan extenso como nunca antes en la larga historia kirchenrista, y al mismo tiempo tan lleno de silencios y omisiones. La más grave, la omisión mayor, fue la relacionada con las víctimas de la masacre del Once. Con algunos agravantes: la Presdenta habló de "nuestros muertos", de los muertos en Malvinas, pero no de las 51 personas que murieron en el año 2012, sobre el cual rendía cuentas -sin dudas, el hecho más serio de los acontecidos el año anterior. La Presidenta habló también de las reformas que nos llevarían a tener, dentro de poco tiempo, trenes de primera categoría, en las líneas Mitre y Sarmiento. Pero los muertos del Once seguían sin aparecer. Peor aún, al hablar sobre las reformas a la justicia, sugirió la implementación de medidas destinadas a limitar la responsabilidad del Estado. Allí volvía a hablar, del peor modo, de la tragedia ferroviaria. Lo dicho y no dicho sobre la masacre del Once constituye la gran metáfora del discurso presidencial de hoy: números y promesas extraordinarias en materia ferroviaria, y silencio sobre los muertos. Anuncios grandilocuentes, que en la letra chica vuelven a asegurar la falta de justicia, la protección a los funcionarios responsables de las muertes, la irresponsabilidad del Estado.
Comentario 2: Reformas a la justicia
Casi todo lo dicho en el discurso de hoy en relación con el ámbito judicial (notablemente, la única área en relación con la cual hubo -improvisadas- propuestas) fue de espanto. La Presidenta se refirió a la justicia, primero, a través de algunas digresiones, todas muy preocupantes; y luego a través de propuestas concretas.
Sobre las digresiones:
Por un lado, sostuvo que los funcionarios debían ser juzgados rápidamente, porque sino quedaban en situación muy vulnerable, sin posibilidad de defenderse. Mentira y error: se trata de las personas que eligieron colocarse en los lugares que ocupan; personas que controlan normalmente recursos económicos o coercitivos; personas que cuentan con facilidades especiales para responder a sus críticos (facilidades con las que tampoco cuentan los ciudadanos); personas que además suelen gozar de privilegios e inmunidades especiales, en materia expresiva, de los que tampoco gozan los ciudadanos. Es decir, los funcionarios cuentan con muchísimas ventajas frente a los ciudadanos comunes. Quienes merecen protecciones especiales, y una atención especial de su parte, son los pobres y desahuciados que inundan sus cárceles, vacías de sus funcionarios y de grandes empresarios, responsables de crímenes mayores.
Por otro lado habló de la justicia, lateralmente, para insistir en la "doctrina Néstor" -la que marcó todo su discurso en materia de seguridad: el gran problema está en las excarcelaciones, y en los delincuentes que "entran por una puerta y salen por la otra." Lamentable volver a insistir con esto, en un mundo carcelario-judicial, que se distingue por los abusos, la tortura, la prisión a procesados y las violaciones de garantías.
En tercer lugar, habló tangencialmente de la justicia a través de un lapsus: sostuvo que no había que concentrar la atención en los intendentes sino más arriba, porque los intendentes no disponían a la policía, "no manejan a los jueces." Ajá! Bueno saberlo, desde más arriba en la política sí se los maneja. Caray! Qué confesión!!
Sobre las propuestas.
Enmarcando sus propuestas, CFK volvió a decir que no quiere una justicia corporativa..."ni dependiente de factores económicos." Curioso, se olvidó de decir "ni dependiente de los poderes políticos." Curioso, sobre todo, porque en la historia de América Latina, y claramente en la historia jurídica argentina, nunca las presiones de los grupos económicos fueron aisladas de otras tanto o más graves, como lo fueron y son las presiones políticas. Históricamente se consideró, con buena parte de la razón, que el gran problema político de la región, en materia judicial -el primer gran problema- era el de la dependencia política de los jueces. Esto no niega las presiones económicas, que las hay sin dudas (normalmente de la mano de las presiones políticas): asombra la omisión, en un marco como el presente, dominado por presiones políticas brutales (como las que rodearon al imrpesionante caso Boudou). Curioso.
Luego, la Presidenta dio algunas pobres precisiones sobre la democratización de la justicia. Nada sobre acceso de los ciudadanos más pobres a la justicia, que era tan fácil de decir y de hacer. Nada sobre el mayor control ciudadano sobre los jueces. Nada sobre formas de diálogo entre poderes, y entre jueces y ciudadanos. Lo mismo de siempre, más alguna novedad sobre la elección (popular) de los miembros del Consejo de la Magistratura; la creación de terceras instancias que van en dirección contraria a su pretensión de desburocratizar la justicia, pero en dirección favorable a su pretensión de ganar más control sobre las causas. Habló también de reglamentar las medidas cautelares (otra vez: demostró que piensa a la justicia no en términos de cómo favorecer a los más pobres, sino en cómo terminar su pleito con Clarín), y como frutilla del postre se refirió a la necesidad de dictar una ley que limite la responsabilidad del Estado en relación con los daños que pueda causar a los particulares. Impresionante que diga esto -y no lo contrario, exactamente lo contrario- en el aniversario trágico de la masacre del Once. Impresionante.
(Comentarios de Roberto Gargarella sobre el discurso presidencial reproducidos de su blog)
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