Por qué la derecha se pone agresiva. Editorial de Humberto Tumini.

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional noviembre 19, 2019 12:38

Por qué la derecha se pone agresiva. Editorial de Humberto Tumini.

19 de Noviembre del 2019

Editorial.

POR QUÉ LA DERECHA SE PONE AGRESIVA

En el año 2008 se desató una crisis financiera internacional, conocida como la de las hipotecas, que se llevó puesto hasta enormes bancos como Lehman Brothers. Fue la mayor desde la de 1929 y arrastró hacia abajo el sistema productivo; de alguna manera, hasta la fecha, a pesar de la activa intervención de los bancos centrales de los países desarrollados.

A partir de allí comenzaron a darse procesos de avances de una derecha agresiva, tanto en Europa como en los EEUU con Trump. También, al calor de la baja del precio de las commodities, el mismo fenómeno de distintas formas comenzó a verificarse en nuestra región.

La derecha política es una expresión de los sectores económicos dominantes, o al menos de una parte importante de estos. Dicha derecha suele tener cierta flexibilidad en tiempos de bonanza, cuando los intereses de los ricos, sus grandes empresas y bancos están bien resguardados, aunque tenga que aceptar políticas de cierta redistribución con otros sectores sociales. Pero cuando las cosas van mal y sus ingresos declinan se ponen muy hostiles, reflotan sus viejas banderas clasistas, racistas, xenófobas y sobre todo antidemocráticas. Es la estrategia para mantener sus beneficios y que la crisis la paguen los que están abajo suyo, incluyendo aliados cercanos del bloque de poder.

La segunda guerra mundial fue hija directa de la gran depresión de los años ‘29 y ’30. El fascismo y el nazismo fueron instrumentos políticos e ideológicos para disciplinar las sociedades italiana y alemana, a los efectos de ir luego a la guerra contra la URSS y países imperiales como Inglaterra, Francia y EEUU, en la búsqueda de rediseñar el mundo en cuanto a predominio económico.

Para no ir tan lejos, acá en la Argentina la oligarquía de la pampa húmeda -los invernadores- aceptó finalmente en 1916 que un partido que no los expresaba, la Unión Cívica Radical, gobernara. El acuerdo de hecho era que no se les tocara casi sus ganancias. La bonanza de la post guerra permitía que los radicales redistribuyeran ingresos entre la naciente clase media sin afectar demasiado a aquellos terratenientes. Así transcurrieron 14 años, de 1916 a 1930, sin conflictos políticos muy graves, mas allá de las lógicas diferencias entre el oficialismo de la UCR y los conservadores.

Todo cambió con la crisis mundial. Allí la oligarquía priorizó sus ganancias y decidió que, por la fuerza y el fraude, ya no habría mas redistribución. Ni siquiera hacia los ganaderos criadores de la pampa gringa, de allí el conflicto con Lisando de la Torre que los expresaba. Le dieron el golpe del 6 de setiembre a Yrigoyen e inauguraron así la “década infame”; acordada con Inglaterra por vía del tratado Roca-Runciman.

Eso, la defensa a ultranza de sus ganancias -en momentos de crisis económica- de parte de los sectores mas concentrados locales y extranjeros, es a grandes rasgos lo que estamos viviendo también en la región.

A principios de este siglo, con el alza del precio de las commodities por la irrupción de China en el mercado mundial, se dieron una cantidad de gobiernos progresistas en Sudamérica; bautizados como “populistas” por los sectores conservadores. Estos gobiernos, llegados por la vía del voto popular, iniciaron un proceso de redistribución de ingresos en favor de los enormes segmentos sociales agraviados por el neoliberalismo previo, como también de crecimiento productivo. Lo hicieron con acuerdo de una parte no desdeñable del bloque de poder económico. Entre otras cosas porque, en un marco favorable, se les garantizaba a los mismos sus márgenes de ganancia. De allí que fueran procesos con estabilidad política, donde los gobernantes ganaban sin demasiado problemas elección tras elección.

Las cosas comenzaron a cambiar luego de la crisis de las hipotecas en el 2008. Paulatinamente los precios del petróleo, la soja y otros productos agropecuarios, el cobre, el hierro y otros minerales, bajaron a la mitad. Se les hizo entonces cada vez mas difícil a los gobiernos progresistas, mas allá de los errores que pudieran haber cometido, sostener por un lado las ganancias de los sectores concentrados y por el otro los ingresos de las mayorías populares; en particular de las nuevas clases medias surgidas en los años anteriores.

Por esto último comenzaron a perder fuerza política y electoral. Por lo anterior (menos ganancias para los ricos y poderosos) a sufrir el abandono de los aliados que tenían en el poder económico; los que comenzaron a tomar distancia, estableciendo nuevas alianzas nacionales e internacionales.

Allí es donde comienza a levantar cabeza la derecha vernácula mas agresiva, como expresión política de quienes buscan mantener sus ingresos sobre la base de afectar los de las mayorías. Todo ello con el activo apoyo del gobierno de Trump.

Gana Macri en la Argentina, Bolsonaro en Brasil, el uribismo vuelve a gobernar Colombia, los colorados en Paraguay, se pasa Lenín Moreno a la reacción en Ecuador y Piñera se niega a ceder a las exigencias económicas, sociales y políticas de la mayoría de la sociedad chilena. Entre todos estos gobiernos junto a los EEUU conforman el grupo Lima, para ver si pueden finalmente voltear al gobierno de Maduro en accionar común con la derecha venezolana; aprovechando por supuesto los tremendos errores de aquel.

Ahora, finalmente, golpe mediante, van por hacerse del gobierno en Bolivia y terminar así con la excelente administración de Evo Morales y el MAS. Hay que ver si lo logran.

Renace así la peor derecha por estos pagos. E incluso, hasta donde pueden, intentan volver a poner a las FFAA de nuestros países de protagonistas activas de sus gobiernos. De lo que se trata todo esto, es de cómo defienden e incluso incrementan sus ganancias los sectores mas concentrados en tiempos como los actuales. No solo recurriendo al racismo y al anticomunismo, sino también al golpismo y a la fuerza de la represión.

Sin embargo las cosas no son tan sencillas para ellos. Los sectores populares de nuestros países están muy organizados; llevan décadas en la defensa de sus intereses. Además una parte significativa de nuestras sociedades es consciente de que durante los gobiernos progresistas sus derechos e intereses fueron defendidos; mas allá de las múltiples críticas que tengan a los mismos, particularmente con la corrupción.

También hay que considerar que no todos los sectores de poder económicos están nucleados alrededor de la derecha mas agresiva. Por razones diversas, tanto políticas como por sobre todo económicas, tienen una visión que la nueva estrategia neoliberal para nuestra región, capitaneada por Trump y los sectores financieros, también los puede tener a ellos como víctimas. La experiencia que han hecho, por ejemplo, en la Argentina de Macri es aleccionadora; de allí la posición de la UIA.

Finalmente es bueno computar que el mundo no es actualmente unipolar, aun cuando el peso de los EEUU por estas tierras sea significativo. Muchos países europeos quieren mantener presencia en la región y no ser desplazados por las multinacionales norteamericanas. También hay otros actores como China, Rusia, la India, etc, que han cobrado importancia y fuerza sustancial en el terreno económico mundial y quieren aumentar su lugar en nuestros países.

En resumidas cuentas, la derecha busca retomar agresivamente el predominio que tuvo cuando el Consenso de Washington de los años ’90, para defender sus intereses y ganancias en tiempos de crisis, tratando que la misma recaiga sobre los demás sectores sociales. Lo de siempre.

Pero las condiciones para ponerle freno existen: pueblo organizado y movilizado; amplias alianzas de todos los sectores que de una u otra forma van a ser agredidos si predomina la derecha; política soberana en el terreno internacional que contemple nuestros intereses; nuevos modelos nacionales adecuados a los tiempos que corren, que tomen lo mejor de los gobiernos progresistas de principio de siglo, corrigiendo sus importantes falencias y errores.

Si hay una consigna histórica para esta época que nos toca vivir es “No pasarán”. Tenemos la obligación de lograrlo para que nuestros países y sociedades no involucionen y puedan seguir construyendo un futuro con igualdad, equidad y justicia.

Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur

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Por Humberto Tumini / Nacional noviembre 19, 2019 12:38