Margaritas a los PIGS

Publicado en Pagina 12 01/03/2010

 

Margaritas a los PIGS

 

Ahora son “cerdos”. Hasta hace un par de años algunos de ellos eran mostrados como ejemplos para el mundo, hacedores de milagros que sólo el capitalismo puede concebir. Hoy son apuntados como los grandes culpables de la debacle de la zona euro. Se trata del grupo de países que los mismos que propiciaron la crisis internacional han decidido denominar PIGS, sobrepasando el límite del buen gusto. Así es el peyorativo acrónimo en inglés para Portugal, Irlanda, Grecia y España. Lejos quedó el tiempo de, por ejemplo, el milagro irlandés, o el milagro español. Ahora se trata de economías irresponsables, miradas con desprecio por los mismos que ayer las exhibían orgullosos.

Sucede que estos cuatro países han llegado a límites insostenibles en sus déficit fiscales, poseen elevados niveles de endeudamiento y un fuerte desempleo. Poco importa si de los dieciséis países de la eurozona sólo trece cumplen con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que limita el déficit fiscal a 3 por ciento del PBI y la deuda a 60 por ciento. O si Alemania fue la primera nación en incumplir los límites. Grecia, principalmente, es ahora el centro de un ataque especulativo por parte de gestores de hedge funds de Estados Unidos y del Reino Unido. Su déficit es del 12,7 por ciento del PBI y su deuda de 113 por ciento; son cifras que ahora salen a la luz y que habían sido ocultadas con la complicidad de bancos de inversión como Goldman Sachs, que colaboró con el gobierno griego permitiéndole encubrir una importante parte de su deuda.

Sin embargo esto es sólo una parte de la historia. Durante 2009, y en medio de la crisis internacional, la cotización del euro con respecto al dólar creció hasta tocar 1,50 dólar por euro. El continente estaba en recesión y el euro sobrevaluado. El Banco Central Europeo no operó durante ese período sobre la cotización del euro para fijarla en niveles acordes con la situación, ya que su carta orgánica se lo impedía. Además, no sólo posee una cláusula de no bail out, es decir que no puede salir al rescate de ninguno de los Estados que forman parte del euro, sino que ha cerrado el año pasado la posibilidad de otorgar créditos para los bancos, a cambio de bonos de los Estados aun de baja calificación crediticia, a una tasa de interés del uno por ciento. Grecia, y también los otros, enfrentan ahora no ya la rigidez del BCE, sino la dificultad de no tener una moneda y un banco central propios, de resignar su política monetaria y cambiaria. De contar con esas herramientas, podrían devaluar su moneda, o antes bien podrían haber administrado su cotización durante la crisis y coordinado su política monetaria con la política fiscal, de manera de por lo menos amortiguar las consecuencias que hoy soportan.

La situación es tal que los países de la Unión Europea no sólo no parecen estar dispuestos a salir al rescate de Grecia, sino que, una vez más, la “brillante” salida propuesta por la UE y el FMI radica en un brutal y poco original ajuste. Así, en Grecia, el plan para reducir su déficit fiscal hasta el límite del 3 por ciento para 2012 incluye recorte de salarios, flexibilización laboral, incremento de la edad jubilatoria y aumento del IVA.

Llegamos entonces a un escenario que presenta una combinación de tipo cambio sobrevaluado con imposibilidad de devaluar, un inmanejable déficit fiscal, alto endeudamiento y desempleo creciente en medio de un contexto recesivo. Sazonado con exigencias de un ajuste de gran magnitud por parte de lo mismos actores que fueron corresponsables de la situación, que en el pasado los ponderaban como ejemplo a seguir, y que hoy les dan la espalda. Sí, es posible remitirse a la situación argentina de 2001. Aunque con varias y marcadas diferencias, los puntos de contacto son palpables. La Argentina, que finalmente sí pudo valerse del recurso de la devaluación, transitó una salida de la crisis de todos modos traumática. Para Grecia (y los otros) el panorama no es más benévolo. Ninguna de las tres opciones que parecen barajarse, por separado o de manera combinada, está cerca de ser venturosa: el ajuste terminará profundizando gravemente la recesión, una eventual salida del euro podría tener implicancias globales que la afecten directa e indirectamente, y una cesación de pagos, con derivaciones negativas de magnitud sobre los bancos europeos, seguramente sería castigada con el ostracismo.

Las consecuencias, cualquiera que fuere la forma que adoptare el desenlace, serán afrontadas por el pueblo griego. La fiesta del capital financiero, que paradójicamente ahora llama cerdos a los destinatarios de sus ataques especulativos y que en su momento desembocó en la crisis internacional, seguirán pagándola los mismos de siempre. Se trata de trabajadores que quedarán sin trabajo, de familias que se sumirán en la pobreza, de seres humanos que verán sus sueños destrozados. Personas, de carne y hueso, con nombre y apellido, siempre es bueno recordarlo, porque de eso se trata.


Ramiro Manzanal

Economista de AEDA.

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