La insensibilidad social de Milei. Por Humberto Tumini.
Editorial
3 de setiembre del 2026
La insensibilidad social de Milei nace de su personalidad y del modelo que intentan imponernos.
Pocas dudas caben que el infame presidente que tenemos no solo es un arrastrado con los yanquis, sino que, además, es una persona de una exacerbada insensibilidad social. Basta con observar algunas de sus expresiones referidas al daño que va causando con sus medidas y políticas:
Respecto de los jubilados expresó Milei "No hay plata, y son el segmento etario que menos pobres tiene"; aludiendo a los recortes de gastos en el Estado, dijo sobre el CONICET "¿Qué productividad tiene? ¿Qué han generado los científicos?”; de los despidos "echamos a 75.000 ñoquis "; de los sueldos "La caída salarial del sector público es una consecuencia buscada". Podemos agregar "¡Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad... AFUERA! ¡Ministerio de Cultura... AFUERA!", “terminamos con el curro de las pensiones por discapacidad” y, hablando de la quita de recursos para la educación superior "Las universidades públicas se han convertido en centros de adoctrinamiento y lavado de cerebro". Hay otras perlitas por supuesto, a los industriales y las pymes en general les dedicó "Si hay una empresa que cierra y se pierden puestos de trabajo, eso no importa”, y, ahora, dirigido a los 6 millones de compatriotas que no pueden pagar sus deudas, manifestó “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”. Existen por cierto montones de ejemplos mas, por ejemplo, asegurar que la justicia social es una “aberración”, pero con estos de arriba alcanzan y sobran para dibujar al despreciable tipo que nos gobierna.
No obstante, es importante para comprender bien lo que está sucediendo hoy en nuestro país con millones de personas que sufren por falta de ingresos, de atención sanitaria, educación, trabajo, sueldo y/o jubilación digna, que ven como se agrede la cultura y la ciencia, los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, entre muchas otras cosas, no circunscribirlo solamente a los rasgos personales de Milei; aunque haya que tenerlos en cuenta, por supuesto. Sino que debemos ubicar a estos dramas en los marcos del modelo de país que tratan de imponernos con sus políticas y medidas. Modelo que ya intentaron llevar adelante los ricos, grandes empresarios y banqueros, de la mano de los yanquis, con la Dictadura, Menem y Macri.
El país al que buscaron llevarnos antes y buscan conducirnos ahora, con las diferencias propias del momento histórico en que lo pretendieron, es uno que contempla por sobre todo los intereses de las minoritarias clases dominantes y sus aliados externos. En concreto, esto significa un enorme traslado de ingresos desde las mayorías populares: las clases medias, los trabajadores y los pobres, hacia ellos. Lo argumentan, para disimular la hijoputez, con una vieja teoría: la del “derrame”. Que viene a decirnos que primero hay que llenar la copa -o sea el bolsillo- de los ricos, para que después estos inviertan esa plata y así sus beneficios derramen hacia los que están mas abajo y han cargado con las desgracias hasta ese momento.
Si analizamos las principales medidas del gobierno “libertario” desde que llegó a la fecha, veremos inequívocamente que están orientadas, por mecanismos diversos, a trasladar plata de la mayoría de la población a la minoría de ricos, a grandes empresas y bancos nacionales y extranjeros, y, por supuesto, al FMI.
Veamos los ejemplos mas visibles y destacados de estas políticas a lo Hood Robin; o sea, que la plata vaya de abajo para arriba, a la inversa de lo que hacía el conocido inglés benefactor pobres y desposeídos.
A la cabeza está la estrategia de achicar el Estado, graficada por el infame con la motosierra. ¿A quiénes perjudica y a quienes beneficia lo que hacen? A los que joden es fácil identificarlos: a los jubilados que les recortaron el 30% y desfinanciaron el PAMI, a los empleados públicos que les achicaron también el 30% su sueldo, a los miles que echaron, a los que se atienden en hospitales estatales, como el Garrahan, a los docentes, no docentes y estudiantes de la universidad pública, a los científicos que les bajaron el sueldo, las becas o echaron, a los laburantes de la obra pública, a las provincias que les sacaron los fondos para docentes, para rutas e infinidad de cosas mas, a las mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+, a los pobres que les sacaron ayudas sociales indispensables para paliar sus necesidades, y una larga lista de etc.
¿Y quienes se llevan la plata que el Estado no gasta por los recortes y ajustes? Eso está mas oculto y disimulado. En primer lugar, el FMI, los bancos extranjeros y vernáculos que cobran puntillosamente las deudas con altas tasas, sean legítimas o no. También los grandes intereses vinculados al campo y a la agroindustria a los que se les rebajan las retenciones a las exportaciones, a los ricos a quienes se les reduce el impuesto a los bienes personales, a los grandes importadores con la quita de gravámenes, como el PAIS, que protegían el mercado interno. Por supuesto, en dirección contraria repusieron a los trabajadores el impuesto a las ganancias en la cuarta categoría y fueron aumentado el impuesto a los combustibles que pagan 15 millones de argentinos, sin contar los motociclistas que suman otros 8 millones. Ni que hablar de la suba de tarifas de luz, gas, agua y transporte.
Eso han hecho hasta ahora. Pero apuntan a profundizarlo hacia adelante, el RIGI contempla una gran cantidad de beneficios hacia las grandes empresas, sobre todo petroleras y mineras. Entre aquellos regalos, les garantizan una quita significativa de impuestos, que achicarán los ingresos del Estado por muchos años. El “súper” RIGI que está en discusión en el Congreso va en la misma dirección.
Pero no solo con la jibarización del Estado que llevan adelante van garantizando llenar la copa de los pudientes, corazón del modelo en curso. Tienen otros cuantos mecanismos por supuesto. Uno de ellos es el retraso de los salarios respecto de la inflación, los precios son libres y las paritarias tienen un tope, así agrandan las ganancias empresarias. Otro es la nueva reforma laboral aprobada que, en síntesis, baja el costo de la mano de obra. Un tercer instrumento es la desregulación que tiene a su cargo el “coloso” Sturzenegger, destinada a concentrar mas la economía en las grandes empresas desplazando y fundiendo a las pymes; política que se complementa con la apertura externa que, vía importaciones a bajo costo, juega un papel parecido. “El monopolista es un benefactor social, el único monopolio malo es el estatal” dice el empleado de los CEOS que habita en la Rosada.
A todo lo antedicho le podríamos agregar, respecto de la generosidad de este gobierno con ricos y poderosos, la privatización a precio de ganga de empresas públicas que sobrevivieron al menemismo o que fueron recuperadas en su momento por el kirchnerismo: las grandes represas energéticas del sur, Transener, IMPSA. Sumadas a las que están preparando para entregar: AySA, ENARSA, el Belgrano Cargas, ARSAT, Intercargo, peajes en 9.000 km de rutas, el Correo Argentino y varias mas.
Por cierto, siempre tienen en carpeta darles a los privados Aerolíneas Argentinas, el Banco Nación y, sobre todo, YPF. También volver a la jubilación privada. Pero claro, no es sencillo avanzar por ahí porque se puede armar flor de quilombo.
Yendo para atrás en el tiempo, en las tres oportunidades que la derecha quiso imponer este modelo de llenar la copa de los ricos para que, supuestamente, derrame después: con la Dictadura, Menem y Macri, las minorías pudientes, las grandes empresas y bancos se la llevaron con pala; mientras que los mentados beneficios para los que ponían el lomo y su dinero, bien gracias, si te los prometí no me acuerdo. En resumidas cuentas, lo dice la historia, aquellos tres gobiernos dejaron el país endeudado hasta el cuello, con la industria desmantelada y el Estado hecho jirones, peor salud y educación públicas, una economía llena de monopolios, mas brecha social entre los de arriba y los de abajo que son una larga mayoría; sumado, por supuesto, a mayor pobreza e indigencia, incremento de la informalidad y el desempleo. Amén de muchas otras desgracias, que costaron y cuestan remontar.
Tenemos hoy a este gobierno reaccionario y despreciable reeditando, con una vuelta mas de tuerca, aquellas historias. No hay ningún indicio que vaya a terminar distinto para mal de la nación y nuestro sufrido pueblo.
Por eso hay que echar a Milei.
Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur




