Que país ofrecerle a la sociedad. Editorial Humberto Tumini.

Por Humberto Tumini / Nacional septiembre 12, 2026 15:52

Que país ofrecerle a la sociedad. Editorial Humberto Tumini.

Editorial

12 de septiembre del 2026

Después de echarlo a Milei

Que país ofrecerle a la sociedad

Hay un primer gran desafío en nuestra nación en los tiempos que corren: terminar con este gobierno de la ultraderecha reaccionaria y retrógrada, impidiendo que continúe en la Rosada con Milei o cualquier reemplazo gatopardista que signifique mas de lo mismo.

Pero el segundo, fundamental además para poder lograr el primero, es ofrecerle a la sociedad un modelo de país creíble y posible, que la vuelva a entusiasmar porque contempla sus necesidades, deseos y sueños.

Por supuesto que los voceros de los libertarios, como también los de los sectores de poder que manejan entre bambalinas la instalación del actual modelo en curso, trabajan sostenidamente la idea que la oposición no tiene propuestas nuevas y solo plantea el regreso al pasado. Pasado que muy interesadamente identifican con el gobierno de Alberto Fernández; del que, además, solo mencionan la inflación sin incluir en el relato la pandemia, la suba del gas por la guerra de Ucrania, la tremenda sequía del 2023, ni que la Argentina todavía dependía de sus exportaciones del agro, sin Vaca Muerta y la minería expandiéndose como ahora. Hábilmente se les olvida mentar cómo termino el país luego de la dictadura, del tándem Menem-de la Rúa y de Macri, que implementaron modelos y políticas similares a las actuales; hasta con los mismos personajes que hoy ocupan el Ministerio de Economía y el BCRA, entre otros muchos otros lugares de la administración libertaria.

Según el “relato” mileísta y del establishment el gobierno del General Perón de 1946 a 1955 que industrializó el país, generalizó el empleo formal con sueldos dignos y construyó una vigorosa clase media, fue un fracaso. Al de Néstor Kirchner, que volvió a fortalecer la industria gravemente afectada en los años ’90, incrementó el empleo, subió el salario y sacó a 7 millones de personas de la pobreza, le ponen el mismo rótulo. Ni que hablar lo que dicen de los dos períodos de Cristina Kirchner, en los que, en medio de intensas dificultades externas luego de la crisis de las hipotecas, del desabastecimiento energético provocado por Repsol y de los ataques del poder económico local y extranjero, logró aceptablemente mantener el barco de la economía desde la situación de las mayorías populares.

Como quien dice: manipulación de la historia para decirle a la sociedad que este, el actual, es el camino a la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo. Pocas mentiras mas descaradas.

En realidad, si queremos realmente construir un país de producción y progreso aprovechando sus recursos naturales, que contenga a los 45 millones de compatriotas, hay que empezar por tomar nuestra verdadera historia. La real, no la que cuentan los que por ahora ganan.

Tuvimos en los últimos 70 años dos gobiernos que llegaron en momentos de intensas crisis, pero también en que se abrían significativas posibilidades de progreso para proyectos de mayorías populares y de honda raigambre nacional. El de Perón allá por 1946, luego de la debacle de la década conservadora del ’30 pero con la ventana que nos abría la posguerra con su demanda de alimentos. El de Kirchner del 2003, posterior al derrumbe neoliberal de los ’90, pero con la irrupción de China en el comercio mundial, la mejora de los términos de intercambio que significó esto, y el salto en los precios de la soja que nosotros producíamos. ¿Cuáles fueron las principales medidas que tomaron para reorientar y hacer crecer la economía, y poder así revertir la retrógrada distribución del ingreso previa?

En primer lugar, fortalecer el Estado para contrarrestar el poder de los sectores mas concentrados, siempre decididos a defender sus intereses en contra de las mayorías. En segundo término, apropiarse de una parte importante de las nuevas rentas extraordinarias que se le presentaban a la nación: Perón a través del IAPI, Kirchner con las retenciones agropecuarias que había instaurado Duhalde, a las que se agregaron mas tarde, con Cristina, la nacionalización de las AFJP y de YPF.

Junto a las dos primeras mencionadas, la tercera fue incrementar la inversión pública y el crédito productivo. Para esto último puso el General a Arturo Jauretche de presidente del Banco Provincia de Buenos Aires; Néstor lo instrumentó desde el Banco Nación. Respecto a las inversiones, entre otros ejemplos, la obra pública del ’46 al ’55 se expandió masivamente promediando el 5% del PBI, y del 2003 al 2007 pasó del 0,5% al 3,5% del PBI.

El fortalecimiento del Estado, la apropiación de gran parte de las rentas extraordinarias del momento histórico, la inversión pública y el incremento del crédito productivo fueron los instrumentos que, junto a las mejoras impulsadas en los ingresos de los trabajadores y las clases medias, la mayoría de la población, permitieron el crecimiento de la economía, del empleo, la mejor distribución de la riqueza y la movilidad social ascendente de esos años. De esa, de la verdadera historia, es de donde tenemos que aprender para construir una nueva Argentina. Sin perder de vista, por supuesto, que los tiempos y las realidades, acá y en el mundo, no son las mismas, son distintas en múltiples y significativos aspectos.

Volviendo a nuestros días, cuál es la salida entonces, aparte de echar al infame, para conducirnos hacia un país que merezca vivirse, sustentable en el tiempo y con futuro para todos, en momentos en que, por esos giros de la historia, gracias a nuestros recursos naturales podemos hacerlo posible.

Contemplando las experiencias pasadas que he mencionado y la realidad local e internacional que tenemos ahora, debo decir que el primer paso de un nuevo gobierno de carácter patriótico y progresista, debe ser abordar el enorme endeudamiento externo que tiene hoy en día la Argentina, que condiciona seriamente sus posibilidades de desarrollo. En lo que va del mandato de Milei se abonaron 57.000 millones de dólares de capital e intereses y aun así la deuda externa se incrementó en 30.000 millones. En concreto, una parte muy significativa de la renta nacional va a parar al sector financiero mundial (FMI, bancos y fondos de inversión), poniendo una losa al crecimiento de nuestra economía. Reestructurar esa deuda, tal vez con una quita, estirando largamente los plazos para abonarla es el camino; como hizo Lavagna en el 2005.

Paralelamente hay que fortalecer nuevamente al Estado, desmantelado por Milei, Caputo y Sturzenegger para favorecer a los grandes capitales privados, permitiéndoles moverse en el mercado con toda libertad, como un zorro en un gallinero. Como decimos la gran tarea que nos espera es capturar una parte de la renta que generan los recursos naturales: el campo, Vaca Muerta, la minería, para volcar esa plata a la inversión, al crédito, a la educación, la ciencia, la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. Como también para subir los sueldos, las jubilaciones e incrementar los ingresos de la mayoría de nuestros compatriotas; generando así el círculo virtuoso del consumo, la producción y viceversa. Los dueños del poder y el dinero se van a resistir, van a tratar de impedirlo de mil maneras, ya lo sabemos, por eso hace falta contar con un Estado bien fuerte y capacitado en nuestras manos. Conociendo ese uso que le vamos dar, es que lo achican y deterioran cuando gobiernan ellos, como hacen ahora.

Con una parte significativa de esa renta que le deje a la nación la explotación de los recursos naturales, debemos, como hizo Perón desde 1946, salvando las distancias y sin traslados mecánicos, reindustrializar la Argentina. China se recontra industrializó en estas décadas, Trump despliega políticas y medidas proteccionistas para cuidar y reconstruir la de EEUU, a lo mismo apunta Europa, pero los infames estos que nos gobiernan dicen que, parafraseando a los oligarcas del siglo 19, que no necesitamos industria en este país. Que hijos de puta.

Debemos volver a tener un sólido entramado industrial si queremos desarrollo sustentable, empleo, salarios justos, jubilaciones dignas, vivienda, justicia y movilidad social. No seremos esa nación a la que aspiramos solo con productos primarios y expandiendo los servicios. Hay que aprovechar nuestras ventajas comparativas incorporando valor a lo producido por el agro en todo el país, a lo de Vaca Muerta, al litio y a los minerales de que nos abastezca la cordillera; desarrollando y apuntalando además proveedores locales.

No se trata hoy en día de producir y proteger todo, en este mundo ya no es posible ni conveniente. Pero si desarrollar, dándoles algún nivel de protección y ayudándolas a ser competitivas, industrias estratégicas para nuestro mercado interno como la del acero, el aluminio, la metalurgia, la de insumos para la construcción, la farmacéutica, la química, las de energías alternativas y muchas otras. Con créditos accesibles, energía barata, acceso a la tecnología y limitada presión impositiva, eso es posible.

Defendiendo con uñas y dientes a las pequeñas y medianas, hoy acorraladas, para que puedan crecer y desarrollarse competitivamente, porque son el corazón del empleo. Si Italia, potencia industrial donde las pymes aportan el 65% del producto manufacturero, pudo hacerlo, ¿por qué no nosotros?

Tenemos que ponerle también fichas a la industria del conocimiento que hoy ya exporta por 10.000 millones de dólares y emplea a 450.000 personas. Y debemos defender la industria automotriz; perdón a los chinos, pero en lugar de vendernos desde afuera deben invertir y venir a producir acá. Tiene carácter estratégico, como bien señala Kulfas, para una nación como la nuestra que no hace mucho tiempo, en el 2011, produjo 830.000 vehículos.

Para no extenderme mas, y sin desmerecer la producción primaria en su conjunto, los servicios en toda su amplitud y el turismo tan importante, la Argentina que viene debe ser industrial para tener salida y futuro.

Nuestro país ha tenido desde el año ’30, en la medida que se fue incrementando su población, un gran problema de restricción externa, como explicó Marcelo Diamand, que una y otra vez le puso límite a su crecimiento. Nos estamos adentrando a una etapa, que posiblemente dure décadas, con posibilidades exportadoras como para resolver esa situación. Pero para que el país no sea en lo fundamental para minorías pudientes y en beneficio de las grandes empresas y bancos extranjeros, como fue la Argentina de la “aristocracia con olor a bosta” al decir de Sarmiento, que terminó en tragedia, a la capacidad de exportar hay que sumarle un mercado interno grande y fuerte en todo el territorio nacional. Con inversión productiva, industria que lo abastezca, ahorro, mercado de capitales, crédito, empleo y adecuada distribución de la riqueza que favorezca el consumo, la educación de calidad, ciencia y tecnología propia.

Solo un gobierno que traiga en sus alforjas un nuevo proyecto nacional productivo a desplegar desde un Estado fuerte, que intervenga en el rumbo económico y defienda al débil controlando al poderoso, es quien puede traer ese futuro. Eso debemos ofrecerles a nuestros compatriotas en la batalla electoral que se viene para echar a los trogloditas. Hay futuro para todos hay que decirles.

Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur

Por Humberto Tumini / Nacional septiembre 12, 2026 15:52