Más allá de la alusión a la necesidad de ganar “competitividad” y en el marco del despliegue de variadas prácticas non sanctas (en materia laboral, remarcación de precios, reticencia inversora), resulta evidente que las grandes empresas industriales buscan recrear factores domésticos de contexto que les aseguren seguir internalizando altísimas tasas de beneficio.
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