No se deben aumentar aún más los precios del gas en boca de pozo

No se deben aumentar aún más los precios del gas en boca de pozo

Presentación del ISEPCI en la audiencia pública del gas.

No se deben aumentar aún más los precios del gas en boca de pozo

Entre subsidios y transferencia de renta, desde 2013 hasta 2016 se trasladaron 10.000 millones de dólares a las empresas petroleras y su producción bajó un 2%

Venimos a reclamar que no se produzcan nuevos aumentos en los precios del gas en boca de pozo, se suspendan las transferencias de rentas a las petroleras por aumentos de los precios de los combustibles que pagamos los consumidores, y se corten los pagos de subsidios a las empresas productoras de hidrocarburos, ya que sus resultados en los últimos años, en el terreno de la producción no guardan relación con los recursos apropiados por ellas. También volvemos a exigir que se expliquen las razones del precio del gas en boca de pozo fijado en 7,5 dólares el millón de btu, que en realidad es superior al valor de importación de gas licuado, que no es equivalente al costo de producción en boca de pozo, cuyo precio internaciónal está en el orden de 2 dólares el millón de btu.

Entre 2016 vs 2012 la producción de petróleo de Argentina bajó un 7% (durante la gestión actual bajó 3,78%) y la de Gas Natural creció un 2%, por lo que la producción total de hidrocarburos (la producción de petróleo y Gas Natural sumadas y expresadas en barriles equivalentes de petróleo, BOEs) bajó un 2%.

La producción de petróleo todos los años cayó desde 2012 a la fecha a distintas tasas. La producción de Gas Natural bajó fuerte 2013 y 2014 y empezó a crecer 2015 y 2016. Hoy la producción de gas está creciendo a un ritmo del 5% anual pero el petróleo está cayendo en el orden del 4% anual.

Desde 2013 hasta 2016 por  el llamado Plan Gas –que desde ese año implica pagarle a la empresas 7,5 dólares por cada millón de btu agregado de producción- se transfirieron 4.000 millones de dólares en subsidios que salieron del tesoro nacional y fueron a las empresas productoras de hidrocarburos. Sólo en el año 2016, ya durante la gestión del actual gobierno, el estado le transfirió a las empresas cerca de dos mil millones de dólares, equivalentes a 30 mil millones de pesos (que es el monto del total destinado a la emergencia social pero las próximos tres años). Días pasados la administración nacional lanzó un nuevo programa de subsidios que sostiene el plan gas, concentrando los beneficios en la Cuenca Neuquina, y exclusivamente para producción de gas no convencional.

Desde 2015 hasta 2016 por el llamado barril criollo, los consumidores le transfirieron renta a las empresas petroleras por no menos de 6.000 millones de dólares. El “barril criollo” le permitió a las empresas seguir cobrando en ese lapso 60 dólares por unidad, cuando el precio internacional descendía a 40 dólares. Este monto estrictamente no es un subsidio, pues no lo paga el estado, pero lo costean los consumidores al pagar los combustibles en el surtidor.

Entre subsidios y transferencias de renta, desde 2013 hasta 2016 se transpasaron no menos de 10.000 millones de dólares a las empresas petroleras. En este número NO entra el efecto del aumento de precios de gas natural dispuesto en los últimos tiempos de CFK, los aumentos del año pasado determinados por este gobierno y los de este año.

Este dinero ni sirvió para que se mantenga el nivel de actividad en este sector de la industria ni  para que se conserve constante el nivel de producción global de hidrocarburos. Con estos recursos se podrían haber construido las dos centrales hidroeléctricas más grandes que hay en carpeta: Chihuidos en Neuquén y el complejo Cepernic – Kirchner en Santa Cruz. Chihuidos iba a ser financiada por los rusos pero la estructura financiera se cayó. Cepernic – Kirchner no tiene resuelto el tema ambiental. Se podrían haber hecho estas represas y sobraba dinero. Probablemente si no hubieran existido estos incentivos la producción hubiera sufrido más, pero la relación “costo-beneficio” no cierra por ningún lado. Una cosa es que las empresas tengan una remuneración lógica por la actividad que llevan adelante y otra es esta escandalosa transferencia de recursos sin contraprestación evidente.

Si observamos cómo evolucionó la producción de YPF y del resto, vemos que la de YPF aumentó y la de los privados bajó. Con lo cual ambos programas “barril criollo” y “plan gas” solo tuvieron efecto positivo sobre YPF, los privados cobraron precios/subsidios mientras que su producción fue para abajo.

Todos estos son números obtenidos de fuentes oficiales, que desmienten y muestran que es falso el argumento que es necesario incrementar indiscriminadamente las ganancias de las empresas para que aumenten las inversiones y crezca la producción.
La convocatoria a la audiencia pública para revisar el precio del gas en boca de pozo, expresa la decisión del gobierno de aumentar su valor a partir del mes de abril, independientemente si su traslado a las tarifas se posterga o se hace gradualmente por razones electorales. Lo cierto es que ese incremento que acrecentará las transferencias a las empresas, lo pagaremos igual todos los argentinos, ya sea como usuarios del gas, o como contribuyentes a través del pago de nuestros impuestos.

Isaac Rudnik/Cristian Folgar
www.isepci.org.ar

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