Las ideas de progreso social versus el oscurantismo. Editorial de Humberto Tumini

Humberto Tumini / Nacional
Por Humberto Tumini / Nacional junio 11, 2018 00:19

Las ideas de progreso social versus el oscurantismo. Editorial de Humberto Tumini

EDITORIAL

11 de junio del 2018

Despenalización del aborto

LAS IDEAS DE PROGRESO SOCIAL VERSUS EL OSCURANTISMO

El próximo miércoles se debate en la Cámara de Diputados de la Nación la despenalización del aborto. Viene precedida de un intenso debate, como era previsible. En lo esencial, la discusión es entre los que sostenemos ideas de progreso social y aquellos de pensamiento retrógrado que pretenden mantener el oscurantismo y la falta de libertades en la vida de la sociedad.

 No es por cierto la primera vez que este debate se instala en nuestro país.  Allá por 1884, bajo la presidencia de Julio A. Roca se promulgó la Ley 1420 de educación común laica, gratuita y obligatoria; que se constituyó luego, por mas de cien años, en la piedra basal del sistema educativo nacional.

 Fue concebida para homogeneizar lo mas igualitariamente posible un país que, para esos años, tenía ya en su población el doble de inmigrantes que de argentinos nativos. Se aprobó después de fuertes debates en el Congreso Nacional y en la prensa, ya que importantes sectores resistían que la educación dejase de ser confesional y dependiente de la iglesia.

 El diario católico La Unión, donde escribían Pedro Goyena y José Manuel Estrada entre otros, sostenía que la 1420 era “una ley impía, tiránica”. El primero de ellos -Goyena- argumentaba como diputado nacional en el Congreso que: “Una escuela sin Dios no servirá jamás sino para hacer bajar el nivel de la civilización”.

 El conflicto con la iglesia alcanzó tal nivel que Roca termina expulsando al Nuncio Apostólico del país.

 Pocos años mas tarde, ya en la presidencia de Miguel Juárez Celman, con el objetivo de terminar con una institución medieval como era que los casamientos se anotaban en la iglesia y no en una oficina del Estado, el gobierno promulga en 1888 la ley 2393 de Matrimonio Civil (que fue precedida en 1884 por la de creación del Registro Civil). Quitándole así a la Iglesia la exclusividad para celebrar bodas, incluyendo de este modo a los no católicos en la celebración del matrimonio.

 Uno de los voceros en ese entonces de la iglesia, el senador por Santa Fe Manuel Pizarro, dijo que para él los argumentos para aprobar dicha ley eran “subversivos con el régimen institucional de la Nación, inconstitucionales, una institución marcial, militar, de opresión y tiranía, de guerra de la República, de guerra social en ella; pretendiendo quitar al matrimonio su carácter religioso y convertirlo en una mera institución jurídica, en mera institución civil”. Entre otras cosas agregó que “el matrimonio por sí mismo tiene una naturaleza y leyes propias, leyes providenciales e inmutables que lo constituyen y que lo ponen fuera del alcance de las potestades de la tierra; el matrimonio obedece a las leyes providenciales e inmutables de Dios”. Cualquier semejanza con lo que dicen los “próvida” no es mera coincidencia.

 Sigamos con la batalla contra el oscurantismo. El gobierno del General Perón aprobó en 1954 la ley 14394 de Divorcio Vincular en medio de un duro conflicto con la iglesia, que ya trabajaba activamente con la derecha para terminar con el gobierno justicialista; lo que logró finalmente el 16 de setiembre del año siguiente. A poco andar la “Revolución Libertadora” del general Aramburu derogó el divorcio con el decreto 4040 del 13/11/55.

 Recién en 1973, con la llegada de Cámpora al gobierno el tema se logra reinstalar. Rápidamente los obispos argentinos expresan: Nosotros debemos sostener que al rechazarlo, porque sólo Dios es el autor único del matrimonio, defendemos la familia, a la cual consideramos valioso y sagrado patrimonio de los esposos, orgullo de los hijos, esperanza idealizada de los jóvenes y de la sociedad entera”.

 Lo convulsionado de aquellos años que terminaron con el golpe de 1976, impidieron que se pudiera avanzar con esta cuestión -la imposibilidad de divorciarse- que afectaba la vida de tantos compatriotas. Recién en 1986, a mitad del mandato presidencial de Raúl Alfonsín, la cuestión se retoma. Apenas comienzan a circular las versiones de que se presentaría en el Congreso una ley que permita el divorcio, sale una vez mas la iglesia a confrontar la idea. El tristemente célebre obispo Emilio Ogñenovich, presidente del Secretariado Permanente para la Familia del episcopado, sale y expresa: “Se pretende, lisa y llanamente, arrasar con la célula básica de la nación. Es como si fuerzas del averno se hubieran desatado contra el matrimonio y la familia renegando de las tradiciones nacionales que hicieron grande a la Argentina”.

 La norma sin embargo es presentada en el Congreso, donde se desatan duros debates. El entonces senador Fernando De la Rúa, diciendo apoyarla, propone en 1987 modificaciones sustanciales (ya se había aprobado en diputados el año anterior) con el objetivo de dilatar la aprobación de la ley. Pretendía dar mayor potestad a los jueces para rechazar pedidos de divorcio.

 Por el lado del justicialismo algunos, como el senador Arturo Jiménez Montilla, sostenían que el divorcio era el “cáncer de la sociedad”. Luis Salim, representante del PJ de  Santiago del Estero y firme opositor sostenía: “La religión católica es parte inseparable de la identidad nacional. La esencia de lo argentino, el concepto de lo nacional, no radica en el capricho ilustrado de su clase dirigente, en lo que se predica desde los más diversos lobbies: masones, socialdemócratas, marxistas, etc.”.

 Los retrógrados perdieron esa batalla. En mayo de 1987 se aprueba la ley 23.515 de divorcio en el senado por 26 a 14 votos.

 Un poco mas de dos décadas después el gobierno de Cristina Kirchner decide, no sin idas y vueltas previas, enviar al Congreso una ley que autorice el casamiento entre personas del mismo sexo. Allí nomás los reaccionarios de siempre se pintan la cara para tratar de impedirlo.

 Monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, que secunda en dicha arquidiócesis al dinosaurio recientemente jubilado Monseñor Héctor Aguer, les señala a los legisladores que “los tratados de derechos humanos que tienen jerarquía constitucional reconocen el matrimonio como la unión del hombre y la mujer“.

 Rápidamente acuerdan con él los integrantes del bloque de Unión Pro, que por boca de la actual senadora Gladys González expresan: “Creemos en la necesidad de defender la institución del matrimonio tal como rige en la actualidad“.

 Por su parte la senadora Liliana Negre de Alonso, alineada con los Rodríguez Saá, señala oponiéndose: “Me preocupa el efecto sobre terceros y el impacto sobre la educación. La sexualidad se construye. Vamos a tener que enseñar qué es ser gay, lesbiana, travesti, transexual, ya no vamos a poder decir que solamente hay hombre y mujer”. Y algunos radicales aportan su granito de arena, dice en el debate Arturo Vera de la UCR de Entre Ríos: “A mi no me da la inteligencia que me dio Dios para decir que es lo mismo el matrimonio que la unión de homosexuales”.

 Para concluir, tuvimos también en ese entonces alineada con los retrógrados a la senadora Hilda “Chiche” Duhalde, que dijo muy suelta de cuerpo  que: “Me opongo porque no es natural. Me refiero a la naturaleza en su conjunto, a la hembra y el macho, al hombre y a la mujer, que tiene que ver con el sostenimiento de la especie”.

 Ganaron las ideas de progreso social. En julio del 2010, el Congreso de la Nación aprobaba la ley 26618 del Matrimonio Igualitario.

 Como se puede ver sintéticamente en estos cuatro ejemplos, que pueden ser muchos mas, la lucha entre los que pretenden que los derechos y libertades de las personas no avancen y los que bregan por los mismos, recorre la vida nacional.

 Esta batalla que hoy libramos por el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sin que tenga que hacerlo clandestinamente con riesgos para su vida, su salud y con posibilidades ciertas de ir presa, es una continuidad de la que argentinos y argentinas han librado de 200 años a esta parte. No hay que desmayar hasta ganarla.

HUMBERTO TUMINI

Presidente de Libres del Sur


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Por Humberto Tumini / Nacional junio 11, 2018 00:19