Las calles también son nuestras. Por L. Velasco

Laura Velasco / CABA
Por Laura Velasco / CABA junio 8, 2018 12:04

Las calles también son nuestras. Por L. Velasco

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Las calles también son nuestras

“¿Me acompañás hasta la parada?”. “Es tarde, mejor me tomo un taxi”. “Anotá la patente”. “Te aviso cuando llego”. “Nos están silbando a nosotras, mejor crucemos”. “No me di cuenta de que iba a andar de noche y me puse pollera corta”. “Apuremos el paso porque anda poca gente y estas calles son una boca de lobo”. Estas cosas pensamos las mujeres cuando transitamos por la vía pública. Nos sentimos incómodas, perturbadas, condicionadas en nuestra libertad de transitar por las calles. Desarrollamos montones de estrategias para sentirnos seguras y evitar lo que de todos modos va a suceder. Silbidos, bocinazos, persecución, interrupción del paso, comentarios sexuales explícitos, insultos, ademanes señalando partes de nuestro cuerpo, cuando no suceden cosas más graves como cuando un tipo exhibe sus genitales, se masturba frente a nosotras, nos toca o comete alguna forma de abuso.

El espacio público fue construido en clave masculina porque el lugar tradicional de las mujeres era el espacio privado, el hogar, donde las tareas domésticas y del cuidado siguen ocupando cuatro horas más en las vidas de las mujeres que en las de los varones, aunque ambos trabajen afuera. Desde chicas nos enseñan que los varones son dueños de la vereda, del patio de la escuela, los que manejan, los que circulan por la calle y no se pueden contener de decir un piropo como mandato de masculinidad. Nuestros cuerpos de niñas, adolescentes, jóvenes y adultas son cosificados, afectada nuestra subjetividad cotidianamente en interacciones no consensuadas ni consentidas. Pueden decirnos o incluso hacernos cualquier cosa simplemente porque andamos por la calle y somos mujeres, sin importar nuestra opinión, voluntad o deseo. Como si el espacio público fuera un lugar ajeno donde los varones mandan y rigen los instintos, la ley de la selva. Como cuando accionamos por nuestro derecho al aborto legal, también cuando caminamos por la calle, las mujeres disputamos la soberanía sobre nuestros cuerpos, los varones se adueñan de nuestro cuerpo, nosotras nos vamos recortando en pedacitos de cuerpo que son de todos, públicos.

Desde muy chicas sentimos vergüenza, hostilidad, miedo con múltiples situaciones de acoso callejero en la vía y el transporte público. La ciudad no es amigable con las mujeres. Cuando un varón teme una situación de inseguridad, piensa en un robo donde la vida puede estar en riesgo. Para cualquiera de nosotras la inseguridad en la calle siempre es también la posibilidad de sufrir un ataque sexual, de ser violadas o asesinadas por nuestra condición de mujeres, para adueñarse de nuestros cuerpos y usarlos. Cada día ocurre un femicidio en la Argentina que nos recuerda que no se escucha nuestra voz diciendo “no es no”, que no queremos Ni una Menos, que los derechos de las mujeres son derechos humanos, que tienen que cesar ya todas las formas de violencia sobre nosotras, desde las más graves que nos quitan la vida hasta los micromachismos culturalmente aceptados en chistes misóginos o piropos que molestan.

En la Ciudad de Buenos Aires el 90% de las mujeres nos sentimos inseguras en la calle por la noche, un 70% pensamos que falta iluminación, un 54% recibimos acoso verbal y un 10% fuimos abusadas esperando el colectivo, un 34% recibimos rozamiento o manoseos en el colectivo o el subte, un 70% elegimos usar taxi por seguridad y un 25% fuimos acosadas por un taxista, según una investigación del instituto ISEPCI y la organización feminista Mumalá. Es necesario prevenir, sancionar y erradicar el acoso callejero como una forma de violencia contra las mujeres como plantea el proyecto de ley nacional de autoría de la diputada Victoria Donda.

También mejorar, difundir y aplicar la ley 5742 de la Ciudad que tipifica el acoso callejero como contravención. Llevar adelante en las escuelas la ley de educación sexual integral que, entre sus contenidos, plantea prevenir acoso y abuso, y un cambio cultural modificando los estereotipos de género. Impulsar desde los Centros Integrales de la Mujer políticas ciudadanas como iluminación, senderos seguros, choferes mujeres en el transporte de pasajeros, capacitación a los agentes públicos. Es indispensable feminizar el espacio público para que las mujeres podamos transitar seguras y en libertad, que las ciudades sean lugares más igualitarios. El mundo también es nuestro.

Laura Velasco
Educadora. Feminista. Integra Parlamento de Mujeres y Frente por la ESI. Directora de Proyectos del Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA). Dirigente de Libres del Sur.


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Por Laura Velasco / CABA junio 8, 2018 12:04

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